lunes, 21 de marzo de 2011

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          Yo, un (relativamente) joven trabajador que lleva varios años en el mundo laboral, que hace más de un lustro que se emancipó de la vivienda paterna, que ha vivido varias mudanzas, que ha viajado bastante y ha hecho otras tantas cosas interesantes en la vida, jamás me había planteado que era mayor.
“Si sigo haciendo las cosas que hacía antes (jugar a fútbol, salir con los amigos para tomar unas cervezas, ir de fiesta, leer cómics, pegarme una escapada de fin de semana con los amigos, discutir sobre fútbol, emocionarme con películas catalogadas “de corte juvenil”, jugar a rol…) es porque sigo siendo joven.” O eso es lo que yo pensaba. Pero, en el fondo, no es justamente así. Y llega el día en el que te das cuenta de ello.
A mí ese día me llegó hace poco, apenas unas semanas. Y no vino relacionado con la apocalíptica y archifamosa crisis de los treinta, ya hacía más de medio año que la tenía superada (sighh!!). Se dio de una forma completamente casual en una tienda de cómics, mientras disfrutaba hojeando diferentes volúmenes de géneros varios.
Siempre he tenido predilección por Batman, pero el causante de esta terrible revelación fue el hombre de acero, Superman. Me apetecía leer algo de este superhéroe, y mientras barajaba opciones varias, se dio el Expediente X: en cuestión de segundos estuvieron en mis manos dos volúmenes que jamás debían haber compartido esa franja del espacio-tiempo: volví a mirarlos y aquello que nunca me había planteado se hizo realidad en mi mente: tomé conciencia de que podía ser muy feliz, de que podía sentirme de espíritu joven y con ganas de hacer mil y una cosas, pero ya no era un chaval. Era un mayor. Un adulto. ¿Y la razón de llegar a esa conclusión? Muy simple, fue el momento en el que comprobé que jamás podría aspirar a ser Superboy; tan sólo me quedaba el consuelo de imaginarme como Superman.

3 comentarios:

  1. El tiempo es una puta que te cobra la vida por sus favores.

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  2. Te gastas la pasta, y encima vas! En cualquier caso, el tiempo, va y no se detiene.

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